Yo estaba viajando constantemente.
Y mi madre se había encargado de organizar todas mis reuniones.
—¿Qué pasó? —pregunté.
Isabella bajó la mirada.
—Tu madre me recibió.
Sentí que algo frío descendía por mi espalda.
—¿Mi madre?
Asintió.
—Le dije que necesitaba hablar contigo.
Tragó saliva.
—Me preguntó si estaba embarazada.
El corazón comenzó a golpearme las costillas.
—¿Y qué respondiste?
—La verdad.
Me quedé completamente inmóvil.
Isabella continuó:
—Me dijo que tú ya sabías lo del embarazo.
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
—Eso es mentira.
Ella me miró.
—También dijo que habías decidido no involucrarte.
Negué lentamente.
—Isabella, yo jamás habría abandonado a mis hijos.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Quería creerte.
Respiró profundamente.
—Pero después me entregó un sobre.
—¿Qué había dentro?
—Un cheque.
Sentí que la sangre se me enfriaba.