PARTE 2: LOS CUATRO HEREDEROS

Había sobrevivido a emboscadas, traiciones y noches en las que no sabía si volvería a ver el amanecer.

Pero aquellas cuatro palabras me dejaron sin fuerzas.

Mis hijos.

Tenía cuatro hijos.

Y no sabía sus nombres.

El niño más alto me observó con curiosidad.

—¿Por qué estás triste?

Me arrodillé lentamente.

—No estoy triste, campeón.

Mi voz se quebró.

—Creo que acabo de recibir una sorpresa muy grande.

El pequeño sonrió.

—Yo soy Oliver.

Señaló a sus hermanos.

—Él es Noah. Ese es Lucas. Y el de atrás es Ethan.

Los cuatro me miraron.

Oliver tenía una pequeña cicatriz sobre la ceja.

Noah sostenía un dinosaurio de plástico.

Lucas parecía estar estudiándome cuidadosamente.

Y Ethan permanecía medio escondido detrás de Isabella.

Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.

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