PARTE 2: LOS CUATRO HEREDEROS

Cuando me reconoció, su sonrisa desapareció.

—Dominic.

Mi nombre salió de sus labios como si fuera una herida antigua.

No pude responder inmediatamente.

Miré a los cuatro niños.

Después a ella.

—Isabella…

Su rostro perdió todo el color.

—Tenemos que irnos.

Tomó la mano de uno de los pequeños.

Pero yo avancé un paso.

—Espera.

Ella se detuvo.

—Dominic, por favor.

Su voz temblaba.

Miré nuevamente a los niños.

Cuatro.

Todos de seis años.

Todos con mis ojos.

—¿Son míos?

El silencio fue absoluto.

Uno de los pequeños levantó la cabeza.

—Mamá, ¿conoces a este señor?

Isabella cerró los ojos.

Durante un segundo pensé que iba a negarlo.

Pero entonces me miró.

Y vi lágrimas acumulándose en sus pestañas.

—Sí, Dominic.

Sentí que el mundo se detenía.

—Son tus hijos.

Tuve que apoyar una mano contra la pared.

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