—¿Y?
Nathaniel respiró profundamente.
—Hay una transferencia realizada desde una sociedad vinculada a Moretti Holdings seis años atrás.
Fruncí el ceño.
—¿A quién?
—A una empresa llamada Bennett Advisory Group.
Me quedé inmóvil.
Bennett.
El apellido de Isabella.
—¿Pertenece a su padre?
—Estuvo vinculada a él.
Sentí que el corazón comenzaba a golpearme las costillas.
—¿Cuánto dinero?
—Dos millones de dólares.
Me quedé en silencio.
Mi madre había hablado de un cheque de quinientos mil dólares que Isabella rechazó.
Pero alguien había transferido dos millones a una empresa vinculada a su familia.
—¿Cuándo? —pregunté.
Nathaniel consultó sus documentos.
—Once días después de que Isabella desapareciera de Boston.
Sentí que la sangre se me enfriaba.
—¿Quién autorizó el pago?
Hubo una pausa.
Después mi abogado respondió:
—Su padre.
Cerré los ojos.
—¿Con qué concepto?
—Servicios de consultoría y resolución de obligaciones contractuales.