PARTE 2: LOS CUATRO HEREDEROS

La primera vez que lo hizo, tuve que mirar hacia otro lado para ocultar las lágrimas.

Una tarde fuimos a un parque.

Los cuatro corrían delante de nosotros.

Isabella estaba sentada a mi lado.

—Nunca pensé que esto fuera posible —susurró.

La miré.

—¿Qué cosa?

—Verlos contigo.

Respiré profundamente.

—Me perdí demasiadas cosas.

Ella bajó la mirada.

—Lo sé.

—No quiero perderme más.

Isabella permaneció en silencio.

Después sonrió suavemente.

—Entonces tendremos que aprender a hacerlo bien.

Asentí.

—Juntos, por ellos.

Durante un instante nuestros ojos se encontraron.

Y sentí algo que no había experimentado en seis años.

Esperanza.

Pero aquella tranquilidad terminó tres días después.

Mi abogado, Nathaniel Price, me llamó a primera hora.

—Dominic, encontramos algo que necesita ver.

Me incorporé.

—¿Qué ocurrió?

—Revisamos los registros relacionados con la separación de Isabella y las comunicaciones de su familia.

Sentí un escalofrío.

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