PARTE 2: EL SECRETO DE LOS VOLKOV

—Mis abuelos. Ellos fundaron el restaurante.

Señaló una fotografía de una anciana sonriente.

—¿Rosie?

Sonreí.

—Mi abuela.

Mikhail permaneció inmóvil.

Después se acercó a la fotografía.

—Conocí a esa mujer.

Lo miré sorprendida.

—¿Qué?

Su expresión cambió.

—Cuando tenía doce años, mi madre me traía a su restaurante.

Sentí que el corazón comenzaba a latir violentamente.

—¿En serio?

Asintió.

—Mi familia estaba pasando por un momento difícil. Rosie siempre nos servía sopa y pan, aunque mi madre no tuviera dinero.

Me llevé una mano a la boca.

Mikhail sonrió tristemente.

—Decía que ningún niño debía acostarse con hambre.

Las lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas.

Era exactamente lo que mi abuela me había enseñado.

—Nunca me contó esa historia.

Mikhail bajó la mirada.

—Tu abuela ayudó a muchas personas sin esperar reconocimiento.

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