Sus manos comenzaron a temblar.
«Mikhail, si estás leyendo esto, significa que Rosie consiguió mantener a salvo lo que descubrí».
Mikhail dejó de respirar.
Continuó leyendo.
«No confíes en Alexander. Pero tampoco confíes en la persona que te aseguró que mi enfermedad era inevitable».
Sentí que la sangre se me helaba.
Mikhail levantó lentamente la mirada.
—¿Qué significa eso?
No supe qué responder.
Continuó leyendo.
«Encontré pruebas de que alguien manipuló documentos médicos y financieros para ocultar pagos relacionados con mi tratamiento».
Las lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas.
«No sé cuánto tiempo me queda. Pero necesito que protejas a nuestro hijo».
Mikhail cerró los ojos.
Su voz se quebró.
—Natalia…
Entonces llegamos a la última línea.
Una frase que hizo que el hombre más poderoso de Chicago pareciera completamente indefenso.
«La persona que ayudó a Alexander sigue viviendo bajo nuestro techo».