Mientras tanto, Megan comenzó a llamar a nuestros familiares.
A una prima le contó que Lily había hecho un berrinche y se había perdido entre los pasillos. A un tío le dijo que yo había llamado a la policía para vengarme de viejas discusiones entre hermanas.
La historia cambiaba según quién la escuchara.
Recibí mensajes diciéndome que pensara en mi mamá, que estaba muy triste, y que considerara cuánto daño podía causar un problema legal a Megan.
Al principio intenté explicar cada detalle.
Después me di cuenta de que estaba agotándome mientras mi hija seguía despertándose por las noches.
Decidí no compartir públicamente las grabaciones ni exponer a Lily a comentarios de desconocidos. A quienes tenían una relación cercana con nosotras les aclaré que existían imágenes del abandono, una declaración de una empleada y un reporte ante la autoridad.