—¿Qué significa esto?
Sarah estaba pálida.
—No lo sé.
Bennett continuó:
—También encontramos una comunicación relacionada con una posible venta de la propiedad.
Me quedé inmóvil.
—¿Quién quería comprarla?
El detective pasó a la última página.
Allí aparecía el nombre de una empresa inmobiliaria.
Y debajo, una firma.
La reconocí inmediatamente.
No pertenecía a Julian.
Tampoco a Evelyn.
Era la firma de alguien que había estado cerca de mí desde que comenzó mi recuperación.
Alguien en quien había confiado para proteger la casa de mi padre.
Miré lentamente a Sarah.
Ella observaba el documento con una expresión de absoluto horror.
—Elena —susurró—, yo nunca autoricé esa operación.
Sentí que un escalofrío me recorría la espalda.
Porque la firma que aparecía en aquella página era la suya.
Y en ese instante comprendí que Julian y Evelyn quizá no habían sido las únicas personas interesadas en arrebatarme la casa.