PARTE 2 — EL PRECIO DE UNA BUENA ACCIÓN

La oficina quedó en absoluto silencio.

Gavin abrió la boca.

Pero Eleanor todavía no había terminado.

—Y ahora descubro que usted despidió al hombre que me salvó la vida porque creyó que había perdido nuestro contrato.

Sentí que todos los ojos se volvían hacia mí.

Gavin comenzó a sudar.

—Señora Whitmore, hubo un malentendido. Christopher es uno de nuestros mejores empleados. Estoy seguro de que podemos resolverlo.

Me miró rápidamente.

—Christopher, considera tu despido cancelado.

Durante cuatro años había esperado escuchar que mi trabajo era importante.

Ahora aquellas palabras me resultaban vacías.

—Gracias, Gavin —respondí—. Pero no quiero regresar.

Su sonrisa desapareció.

Eleanor me observó con curiosidad.

—¿Estás seguro?

Asentí.

—Hoy descubrí cuánto valgo para esta empresa. No necesito comprobarlo otra vez.

Por primera vez, Eleanor sonrió.

Entonces sacó una tarjeta de su bolso.

—Christopher, me gustaría ofrecerte una entrevista en Whitmore Holdings.

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