PARTE 2 — EL PRECIO DE UNA BUENA ACCIÓN

Una hora después regresé a la oficina para recoger mis pertenencias.

Mi escritorio estaba exactamente como lo había dejado.

Las fotografías de mis hijas.

Una taza con la frase «El mejor papá».

Una pequeña planta que Emily me había regalado.

Metí todo en una caja de cartón.

Entonces escuché un alboroto cerca de la recepción.

—¡Señora, no puede entrar sin una cita!

Una voz femenina respondió con firmeza:

—No necesito una cita. Necesito encontrar a Christopher Miller.

Levanté la cabeza.

Una mujer elegante, de unos sesenta años, avanzaba por el pasillo acompañada por dos hombres vestidos de traje.

Tenía el rostro pálido y caminaba lentamente.

La reconocí inmediatamente.

Era la mujer de la carretera.

—¡Usted! —exclamé.

Se volvió hacia mí.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Christopher…

Se acercó y tomó mis manos.

—Me salvaste la vida.

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