¡MI CUÑADO ME TIRÓ UNA CERVEZA ENCIMA FRENTE A TODA LA FAMILIA, SIN SABER QUE YO HABÍA SIDO CAMPEONA DE ARTES MARCIALES MIXTAS!

Me contaron que resultaste gravemente herida.

He rezado muchas noches para que hayas podido recuperarte.

Si algún día estas palabras llegan a tus manos, quiero pedirte algo.

No pienses que perdiste tu futuro aquella noche.

Tal vez tu camino cambió, pero gracias a ti el futuro de mi nieta pudo continuar.

Y si alguna vez sientes que la vida fue injusta contigo, recuerda que hay una familia que te debe todos los abrazos, las risas y los cumpleaños que vinieron después.

Con gratitud eterna,

Ernesto Mendoza».

No pude terminar de leer sin llorar.

Durante diez años había pensado en todo lo que perdí después de aquel accidente.

Mi carrera.

Mis oportunidades.

Mi independencia durante aquellos meses de rehabilitación.

Y, sobre todo, el tiempo que no pude compartir con mi padre antes de su muerte.

Había intentado convencerme de que todo había valido la pena.

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