¡MI CUÑADO ME TIRÓ UNA CERVEZA ENCIMA FRENTE A TODA LA FAMILIA, SIN SABER QUE YO HABÍA SIDO CAMPEONA DE ARTES MARCIALES MIXTAS!

Sentí un escalofrío.

—En una avenida al sur de Monterrey. Cerca de una gasolinera.

Mi suegra comenzó a temblar.

—¿Fue un jueves por la noche?

La miré sorprendida.

—Sí.

—¿La niña llevaba una chamarra amarilla?

El corazón me dio un vuelco.

Durante diez años había intentado olvidar los detalles de aquella noche.

Pero recordaba perfectamente esa chamarra.

Amarilla.

Con pequeños dibujos de flores.

—Sí —respondí lentamente—. ¿Cómo sabe eso?

Patricia se llevó una mano al pecho.

Rodrigo levantó la cabeza.

Marisol dejó caer el teléfono sobre una silla.

Y Alejandro miró a su madre, completamente confundido.

Entonces Patricia pronunció una frase que me dejó sin aliento.

—Porque esa niña era mi nieta.

Sentí que el mundo se detenía.

—¿Qué?

Mi suegra comenzó a llorar todavía más fuerte.

—La niña que sacaste de aquella camioneta… era Sofía.

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