Quería hablar contigo, pero cada vez que intentaba hacerlo, te veía llegar agotado del trabajo, dispuesto a ayudarme a soportar un día más. No quería añadirte otra preocupación sin haber entendido primero lo que estaba ocurriendo.
Por favor, no te culpes. No había una decisión fácil, y no quiero que conviertas mi silencio en una razón para castigarte».
Dejé caer la carta sobre mis rodillas.
—Dios mío… —susurré.
Sofía se sentó a mi lado.
—Alicia me lo contó cuando descubrió el embarazo. Estaba asustada, Lucas. No sabía cuánto tiempo le quedaba ni qué significaba aquello para su salud.
La miré desesperadamente.
—¿Por qué no me lo dijo?
Sofía bajó la cabeza.
—Porque te amaba. Y porque tenía miedo de que dejaras de verla como Alicia y empezaras a verla como una paciente a la que tenías que salvar.