—Alicia quería que siguieras adelante —me dijo—. Pero creo que también quería que dejaras de pensar que tenías que hacerlo todo solo.
Asentí.
—Estoy intentando aprender.
—Entonces, prométeme una cosa.
—¿Qué?
—Que no convertirás lo que ocurrió en una obligación de ser feliz. Habrá días en los que estarás bien y otros en los que volverás a echarla de menos. No tienes que demostrarle nada a nadie.
Sonreí tristemente.
—Eso suena exactamente como algo que Alicia te habría dicho.
Sofía se rio entre lágrimas.
—Sí. Y después habría hecho algún comentario sobre tu corbata.
Por primera vez en semanas, me reí de verdad.
Y no sentí culpa.
Con el tiempo, aquella caja se convirtió en uno de los objetos más importantes de mi vida.
Guardé dentro la fotografía, la carta y los dos anillos que habían sido improvisados para nuestra boda en el hospital.