Arturo miró a la niña junto a la fuente.
—¿Qué le dijiste?
—Que querer a una persona nueva no significa querer menos a quien ya no está.
Una lágrima bajó por la mejilla de Arturo.
Elena le tocó el rostro.
—Y también le dije que yo te amo.
Arturo la abrazó.
Lucía los vio desde lejos.
—¡Por fin!
Ambos se separaron sorprendidos.
Lucía caminó hacia ellos.
—¿Por fin qué? —preguntó Elena.
—Nada.
—Lucía.
—Nada.
Arturo empezó a reír.
Se casaron la primavera siguiente.
Fue una ceremonia pequeña.
Sin cientos de invitados.
Sin prensa.
Sin lujos innecesarios.
Lucía llevó flores y estuvo sonriendo casi todo el tiempo.
Al terminar, Arturo se arrodilló frente a ella.
—Tengo que preguntarte algo.
Lucía se puso seria.
—¿Qué?
—Tu mamá y yo somos oficialmente una familia.
La niña asintió.
—Pero quiero saber si algún día te gustaría que yo también fuera oficialmente tu papá.