Tres años atrás, durante una tormenta, había creído que la aparición de mi exmarido volvería a destruirme.
En cambio, aquella lluvia había marcado el comienzo del fin de una mentira.
Y de mi regreso a mí misma.
Porque algunas historias de amor no terminan cuando dos personas se separan. Terminan cuando una de ellas comprende que ya no necesita volver atrás para ser feliz.