Los aplausos tardaron unos segundos en llegar.
Después llenaron la sala.
Al terminar el acto, Elena me abrazó.
No dijo que todo estaba olvidado.
No necesitaba hacerlo.
—Gracias por no destruir aquellos archivos —susurró.
Yo negué con la cabeza.
—Ojalá hubiera tenido el valor de hablar antes.
Elena me tomó las manos.
—Yo tampoco lo tuve. Tenía una hija que alimentar y mucho miedo. Daniel era el valiente de nuestra familia.
Miró hacia el escenario.
—Quizá las dos estamos aprendiendo a serlo.
Detrás de ella vi a Liang.
Permanecía apartado, junto a una puerta.
No intentó acercarse hasta que Elena se marchó.
—Xia.
Me volví.
Estaba más delgado.
Había renunciado temporalmente a sus responsabilidades como director científico de Aurora mientras la universidad realizaba una revisión independiente de sus informes.
Aunque los documentos indicaban que no conocía las falsificaciones, él mismo había reconocido públicamente que su falta de supervisión permitió que ciertas irregularidades pasaran inadvertidas.