Abrió la boca.
Después la cerró.
Aquel silencio respondió por él.
—Eso pensaba —dije.
—Xia, yo…
—Te pedí que confiaras en mí. No me escuchaste. Y cuando Valdés te mostró unas fotografías, preferiste creer que era una infiel antes que aceptar que tu mentor podía ser un delincuente.
Liang bajó la cabeza.
—Tenía miedo de perder todo por lo que había trabajado.
—Y me perdiste a mí.
La frase quedó entre nosotros.
Él no intentó discutirla.
Saqué una copia de la grabación y le entregué unos auriculares.
—Escucha esto.
Durante los siguientes minutos observé cómo cambiaba su rostro.
Primero incredulidad.
Luego confusión.
Finalmente, algo parecido al horror.
Cuando terminó, se quitó los auriculares lentamente.
—Daniel…
Su voz apenas era audible.
—Murió recuperando las pruebas de Aurora —expliqué—. Las mismas que podían demostrar que tú no habías participado en las irregularidades.