—Eso es lo que Valdés dijo que ibas a inventar.
Aquella frase me atravesó.
—¿Ya has hablado con él?
—Por supuesto. Hubo un incendio en mi laboratorio y murió un trabajador. Necesitaba saber qué había pasado.
—¿Y le creíste?
—Me enseñó fotografías, Xia. También registros de entradas fuera del horario laboral.
Mi brazo empezó a doler intensamente.
—No son lo que parecen.
—Entonces explícame qué son.
Lo intenté.
Le hablé de las facturas, de las muestras transferidas y de los datos alterados.
Pero él llevaba meses bajo una presión insoportable.
Valdés lo había convencido de que varias personas deseaban desacreditar el proyecto antes de su presentación internacional.
Cuanto más hablaba yo, más veía cerrarse su expresión.
—¿Tienes pruebas de todo eso?
Pensé en la unidad de almacenamiento.
La había escondido antes de perder el conocimiento, dentro del forro roto de mi abrigo.