Patricia palideció.
—Nunca recibí ninguna llamada.
—Te dejé mensajes. Te envié una carta a esta misma casa.
—Marcus me dijo que te habías marchado con otro hombre —susurró ella.
Miré a mi exmarido.
Por primera vez, no tenía ninguna respuesta preparada.
Ocho años atrás, había elegido creer que yo era una mentirosa antes que aceptar la posibilidad de que fuera a convertirse en padre. Después había construido una historia en la que él era la víctima y yo la culpable.
Y su familia la había aceptado sin preguntarme jamás mi versión.
—No vine aquí para discutir el pasado —dije—. Vine porque Marcus me invitó a esta cena creyendo que encontraría a una mujer sola, fracasada y desesperada por demostrarle algo.
Saqué mi teléfono del bolso y le mostré el mensaje de invitación.
—Pero ya no soy aquella mujer que abandonaste. Soy la madre de cuatro niños maravillosos. He construido una vida que me enorgullece y no necesito tu aprobación.