EL NUEVO DIRECTOR ME DEGRADÓ EL PRIMER DÍA… Y ESA MISMA NOCHE APARECIÓ EN MI CASA COMO MI CITA A CIEGAS

Una mesa de plástico gris, un ordenador antiguo y un cartel que decía INFORMACIÓN AL PACIENTE.

Habían colocado mi nombre en una pequeña tarjeta.

«Dra. Valeria Salazar — Atención al usuario».

Durante unos segundos me quedé contemplándola.

Ocho años de operaciones.

Y ahora debía indicar dónde estaban los ascensores.

—Buenos días, doctora.

Levanté la vista.

Era Clara Montes.

Llevaba una bata impecable y una expresión falsamente compasiva.

—Espero que te adaptes pronto. Sé que debe de ser difícil pasar de dirigir un equipo a organizar turnos.

—Buenos días, Clara.

—Por cierto, el doctor Vidal ha propuesto que asuma tus responsabilidades mientras dure la reorganización.

—Enhorabuena.

La sonrisa se le ensanchó.

—Gracias. Siempre he pensado que cada persona acaba ocupando el lugar que merece.

Se alejó haciendo sonar los tacones.

Yo me senté.

A las ocho atendí a un anciano que no encontraba Rehabilitación.

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