PARTE 2
Me quedé mirando la pantalla hasta que las letras comenzaron a desdibujarse.
Gabriel Fuentes.
Cincuenta y ocho años. Empresario. Ingresado por una enfermedad coronaria grave. Fallecido tres semanas atrás durante una intervención programada.
Recordaba perfectamente aquel día porque había estado operando a otro paciente durante casi siete horas.
Cuando salí del quirófano, Clara Montes me informó de que Gabriel había sufrido una complicación vascular imposible de controlar.
El responsable principal de la intervención había sido el doctor Ernesto Vidal, jefe del servicio.
Yo no había participado en ella.
Y, sin embargo, según el mensaje de Adrián Lozano, mi firma aparecía en el informe definitivo.
Marqué su número inmediatamente.
Contestó al segundo tono.
—Doctora Salazar.
—Explíqueme qué está pasando.
—¿Está sola?
Miré hacia la cocina. Mi padre estaba lavando los platos.
—No, pero puedo hablar.