EL NUEVO DIRECTOR ME DEGRADÓ EL PRIMER DÍA… Y ESA MISMA NOCHE APARECIÓ EN MI CASA COMO MI CITA A CIEGAS

Tenía su firma manuscrita.

Adjuntaba fotografías, números de lote, comunicaciones internas y una declaración en la que rechazaba la homologación de varios materiales.

También había una carta dirigida a Tomás Lozano.

Adrián me la entregó.

Reconocí la letra al instante.

Era la misma que aparecía en las postales que mi madre me enviaba cuando yo era pequeña.

Leí lentamente.

«Tomás:

No sé si conseguiremos que alguien escuche nuestras advertencias. Tal vez pierda mi trabajo. Tal vez otros decidan que es más fácil desacreditarme que revisar los materiales.

Lo único que no aceptaré es que mi nombre sirva para garantizar algo que no considero seguro.

Si algún día mi hija decide dedicarse a la medicina, deseo que encuentre un hospital donde decir la verdad no le cueste su carrera.

Y, si no existe, espero que ella tenga el valor de ayudar a construirlo».

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