Ni borraba las semanas durante las cuales mis compañeros me habían mirado como a una delincuente.
Ni reparaba automáticamente la humillación de la primera reunión.
Al día siguiente, Adrián convocó al personal del servicio.
Treinta y seis personas.
La misma sala.
Las mismas sillas.
Incluso el mismo vaso de agua junto a la mesa principal.
El director médico leyó las conclusiones administrativas:
—La investigación ha confirmado que la doctora Valeria Salazar no autorizó los documentos cuestionados ni participó en las manipulaciones detectadas. En consecuencia, queda sin efecto su asignación temporal a Atención al Paciente y se restablecen sus funciones clínicas y responsabilidades como subdirectora de Cirugía Cardiovascular.
Nadie habló.
Adrián tomó la palabra.
—También debo reconocer que la forma en que se comunicó su traslado fue inadecuada. La dirección asume esa responsabilidad y ha dispuesto una revisión del procedimiento seguido.