—¿Está la doctora de guardia disponible? —preguntó.
—Está operando. El paciente se está deteriorando.
—Voy hacia allí. Que el equipo de Urgencias continúe la estabilización.
Llegó pocos minutos después acompañado del director médico.
Tras valorar la situación, autorizaron formalmente mi incorporación extraordinaria al equipo, con registro de la decisión y supervisión del responsable quirúrgico.
No fue un regreso triunfal.
Fue trabajo.
Guantes. Mascarilla. Instrumental. Una vida al borde del abismo.
La intervención duró varias horas.
Cuando finalmente conseguimos restablecer una circulación estable y trasladar al paciente a Cuidados Intensivos, me apoyé contra la pared del vestuario.
Me dolían la espalda y los hombros.
Pero las manos habían dejado de temblarme.
Adrián esperaba en el pasillo.
—El paciente está estable —le dije.
—Me han informado.
—Todavía es pronto para saber cómo evolucionará.
—Lo sé.