No lo toqué.
—Entrégaselo a la auditora o a la autoridad competente. Y pide un abogado.
Clara alzó la cabeza.
—¿No vas a ayudarme?
—Voy a decir la verdad sobre lo que sé. Eso es todo.
Antes de salir, murmuró:
—Siempre te tuve envidia.
—Lo sé.
—Pensaba que todo te resultaba fácil.
La miré.
—Tú veías mi puesto. Nunca viste los años que necesité para llegar hasta él.
Clara empezó a llorar otra vez.
Esta vez no me quedé a consolarla.
7. La noche de la emergencia
El caso dio un giro inesperado tres días después.
Eran casi las nueve de la noche.
Yo todavía estaba en el hospital terminando un informe para mi abogada, cuando sonó una alarma en la entrada de Urgencias.
Un hombre de unos cuarenta años había llegado con dolor torácico intenso y pérdida progresiva de conciencia.