EL NUEVO DIRECTOR ME DEGRADÓ EL PRIMER DÍA… Y ESA MISMA NOCHE APARECIÓ EN MI CASA COMO MI CITA A CIEGAS

—Mi padre dirigía la comisión de seguridad clínica cuando su madre denunció las irregularidades. Encontró facturas manipuladas y productos cuyo origen no podía verificarse. Antes de terminar su investigación lo trasladaron.

—¿Quién ordenó el traslado?

—La anterior dirección. La misma que protegía a Ernesto Vidal, entonces un cirujano joven con excelentes relaciones comerciales.

Miré la carpeta.

—¿Conservó pruebas?

—Copias parciales. Correspondencia. Un informe que nunca llegó a presentarse oficialmente.

—¿Por qué esperó tantos años?

Adrián apretó la mandíbula.

—Intentó reabrir el caso en dos ocasiones. No lo consiguió. Cuando enfermó me pidió que no dejara desaparecer aquellos documentos.

Me mostró una carta manuscrita.

Reconocí de inmediato el nombre de mi madre.

Elena Salazar.

La carta describía una reunión en la que había rechazado certificar la seguridad de varios dispositivos.

Al pie figuraba una frase subrayada:

«Si me obligan a firmar, dejaré constancia de que no he autorizado estos materiales».

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