Los oscuros secretos del pasado, los asesinatos ordenados en las sombras, la sed de venganza, los millones de dólares y las lágrimas derramadas durante las noches interminables quedaron atrás.
No porque hubieran dejado de importar, sino porque finalmente habíamos aprendido a enfrentarnos a ellos sin permitir que siguieran gobernando nuestras vidas.
La verdad sobre Thomas Reed fue reconocida públicamente. Su nombre quedó limpio de toda acusación y los documentos que demostraban la conspiración fueron entregados a las autoridades correspondientes.
También comencé a desmantelar los negocios que habían convertido a nuestra familia en una de las más temidas de Boston. No fue un proceso sencillo. Algunos antiguos socios me consideraron un traidor; otros intentaron convencerme de que estaba destruyendo el imperio que mi padre había construido.
Pero ya no me interesaba demostrar que era el hombre más poderoso de la ciudad.