Fue una sonrisa luminosa y pura, libre de aquella sombra de rencor que había cargado desde su infancia.
—Gracias, Bennett —susurró.
No supe qué responder.
Había recibido agradecimientos de políticos, empresarios y hombres que me debían la vida. Pero ninguno de ellos me había hecho sentir lo que sentí al escuchar aquellas dos palabras.
Porque Clara no me estaba agradeciendo un favor comercial.
Me estaba permitiendo dar un primer paso hacia la reparación de un daño que jamás podría deshacer por completo.
—
Éléonore resistió hasta que sus fuerzas comenzaron a abandonarla definitivamente.
El invierno fue duro. La nieve se acumulaba contra las ventanas y el viento golpeaba las paredes de la mansión durante las noches más frías.
Sin embargo, gracias a que cada tarde nos reuníamos junto a su cama, sus últimos meses estuvieron llenos de algo que nunca habíamos sabido construir: un verdadero hogar.