Capítulo 2: El vientre vacío

—Te habría dejado —dijo Becky de pronto, mirándome a mí, con la cara descompuesta—. ¿Lo entiendes? Si decía la verdad, volvía a ser la hermana pequeña que todo lo pierde. La que no llega. Contigo siempre fue al revés: la buena, la fuerte, la que mamá presume. Y luego perdiste a tu hija, y por una vez… por una vez la que iba a tener lo que tú no tienes era yo.

—¿Y el nombre? —pregunté. Me temblaba todo el cuerpo—. De todo lo que podías fingir, Becky. ¿Por qué el nombre de mi hija?

—Porque era lo único tuyo que podía quitarte entero —dijo. Y se tapó la cara.

Mi esposo me rodeó con el brazo. No dije nada. No había nada. Me incliné sobre la mesa, entre los platos de la cena, y recogí la mantita rosa. La doblé despacio, con el nombre hacia dentro, contra mi pecho.

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