Asentí.
—Pero ¿podría haber contribuido a mi pérdida auditiva?
—Es una posibilidad que debemos investigar. Sin embargo, su historia clínica es extraordinariamente inusual.
Aquellas palabras no me dieron respuestas.
Me dieron una razón para seguir buscando.
Tres días después, mi abogado encontró algo.
Una antigua autorización médica firmada cuando yo tenía apenas dos años.
La firma pertenecía a mi padre.
Pero el documento contenía un segundo nombre.
Edward Turner.
Mi tío.
El hombre que había administrado la fortuna familiar después de la muerte de mis padres.
El mismo hombre que me había enseñado a dirigir los negocios de la familia.
Y que durante décadas había sido mi consejero más cercano.
Sentí un escalofrío.
Edward había controlado mis citas médicas.
Mis intérpretes.
Mis tratamientos.
Incluso había elegido a los especialistas que me examinaban.