La hora que apareció en la grabación era la 1:
47 de la madrugada.
Robert estaba saliendo de nuestro camarote.
Pero no estaba solo.
A su lado caminaba una anciana de cabello blanco.
Cuando la cámara captó el rostro de aquella mujer, sintió que todo mi cuerpo se helaba.
La reconocí.
Era una mujer a la que había visto por última vez hace 53 años, el día de mi boda.
Pero era imposible que estuviera allí.
Porque durante toda mi vida había creído que aquella mujer estaba muerta.
—Espera un momento —dije con voz temblorosa.
El capitán detuvo el video.
—¿De qué conoce a esta mujer?
No tuve tiempo de responder.
El capitán reprodujo la grabación de otra cámara de seguridad. Y cuando vi
Lo que Robert hizo con aquella mujer, solté un grito.
Después, todo se volvió negro ante mis ojos.