—¿Y si todo esto es mentira?
Richard no intentó defenderse.
—Entonces habré cometido otro error imperdonable.
Sacó un sobre de un cajón y me lo entregó.
Dentro había una carta escrita a mano.
Reconocí inmediatamente el nombre de mi madre: Susan.
La carta estaba fechada treinta años atrás.
Querida Anna:
No puedo seguir ocultando lo que ocurrió. Tu hija merece conocer la verdad, aunque eso signifique perderla para siempre.
Richard no tuvo la culpa de tu desaparición. Yo fui quien te ayudó a marcharte porque creí que era la única manera de protegerte de mi marido. Pero nunca debí permitir que Susan creciera sin saber quién eras.
Si alguna vez tienes fuerzas para regresar, la puerta seguirá abierta.
Con amor, Eleanor.
—¿Quién es Eleanor? —pregunté.
Richard se quedó inmóvil.
—Mi madre.
Volví a leer la carta.
Su madre había sabido lo que le ocurrió a Anna. Y, por alguna razón, había ayudado a ocultarlo.