—¿Me vas a perdonar?
Le acomodé la almohada.
—Estoy considerando reducir tu condena por buena conducta.
Se rio y luego hizo una mueca de dolor.
—No me hagas reír. Me duele todo.
Le besé la mano.
Después nos quedamos en silencio, escuchando el suave pitido del monitor.
—Mary —dijo finalmente—, cuando te dije en el avión que no volverías a ver a tus hijos nunca más, no estaba pensando con claridad. Quería decirte que había llegado el momento de dejar de fingir que podía controlar lo que iba a pasar. Tenía tanto miedo de perderos que intenté prepararos para una vida en la que yo ya no estuviera.
Lo miré con ternura, pero sin apartar la verdad.
—No puedes preparar a nadie para perder a una persona, Robert. Solo puedes amar a esa persona mientras está aquí.
Él cerró los ojos.