A las 2:27 de la madrugada, mi padre llamó desde la comisaría. «Cariño… ella me golpeó con un bate de béisbol. Ahora le está diciendo a la policía que la ataqué porque padezco una enfermedad mental». Al llegar, encontré a mi cuñada llorando y a mi hermano de pie, en silencio, a su lado. Le mostré al agente mi placa de agente federal y se quedó pálido. Entonces, la manga de la camisa de mi padre se deslizó hacia arriba y, de repente, comprendí que aquello era mucho más que una disputa familiar.

Los investigadores fotografiaron y recogieron los objetos conforme al procedimiento.

No encontraron a Daniel.

Pero sí encontraron un cuaderno con anotaciones manuscritas.

En una página figuraban los nombres de tres médicos, dos intermediarios financieros y un notario.

En otra aparecía el nombre de Claudia.

Junto a él, una cifra: 11.000.000 €.

Y debajo, una fecha.

La fecha prevista para la firma de la transferencia de los activos de mi padre.

Faltaban cuarenta y ocho horas.

5. La mujer que empezó a hablar

Claudia seguía bajo investigación por los hechos de aquella madrugada.

Cuando le comunicaron que se estaban examinando nuevos indicios, dejó de fingir que no comprendía la gravedad de la situación.

Pidió hablar.

Su declaración fue grabada conforme a las garantías legales aplicables, y se le informó de sus derechos.

Al principio insistió en que todo había sido un malentendido.

Después aseguró que Daniel la había obligado a participar.

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