Abrí la tapa.
Las agujas llevaban años detenidas a las 2:27.
Debajo del mecanismo había una pequeña llave de latón.
También encontramos una tira de papel doblada cuatro veces.
Solo contenía una frase, escrita con la letra temblorosa de mi padre:
«Si Daniel vuelve, no le abras la puerta. Comprueba primero qué lleva en la mano izquierda».
Tuve que leerla tres veces.
¿Por qué mi padre temía a su propio hijo?
Y ¿qué debía llevar Daniel en la mano izquierda?
Guardé la nota como prueba y pedí que se documentara el hallazgo.
Después revisamos los registros de la caja de seguridad que mi madre había mantenido en una entidad bancaria. La llave no correspondía a una caja de aquella sucursal, pero el número grabado en su cabeza coincidía con el código de un antiguo depósito privado perteneciente a la empresa familiar.