3. La llave escondida en el reloj
A las ocho de la mañana fui a casa de mi padre acompañada por otros agentes y siguiendo el procedimiento correspondiente para proteger la vivienda y preservar cualquier posible prueba.
No quería contaminar la escena.
Tampoco quería que Claudia tuviera la oportunidad de destruir algo.
El despacho de mi padre olía a madera vieja y café frío.
Sobre una estantería había fotografías familiares: mi madre en el jardín, Daniel con su uniforme universitario y yo el día en que recibí mi primera placa.
La caja donde mi madre guardaba sus objetos personales estaba vacía.
Pero recordé sus palabras de hacía años.
«Las cosas importantes nunca están donde todo el mundo mira».
El reloj de bolsillo no estaba en la caja.
Lo encontramos detrás de un panel suelto del escritorio, envuelto en un pañuelo bordado.