Junto a ella había un papel.
«Caja de seguridad 317. Banco Central. Pregunta por el expediente de papá».
Al día siguiente, María acudió al banco acompañada por el abogado.
Dentro de la caja encontraron documentos antiguos, fotografías y una carta escrita por su difunto esposo.
María reconoció inmediatamente su letra.
«Si estás leyendo esto, significa que Marco finalmente descubrió la verdad».
Sus manos comenzaron a temblar.
Continuó leyendo.
«Nunca te conté que antes de morir compré una participación en la empresa que ahora administra nuestro hijo».
María sintió que el corazón se detenía.
Pero la carta todavía guardaba una sorpresa.
«Esa participación está registrada a tu nombre, María. Y nadie puede venderla sin tu autorización».
El abogado examinó los documentos.
—Señora María, si estos títulos siguen vigentes, usted podría tener derechos importantes sobre la empresa.