No era una prueba definitiva de mala intención. Pero demostraba que el dinero había formado parte de las conversaciones mucho antes de que Tyler me entregara la tarjeta.
Y eso significaba que Harrison había tenido un motivo económico para insistir en que su hijo viviera con él.
Rebecca preparó una solicitud para que el tribunal revisara las circunstancias relevantes para el bienestar de Tyler. No pidió que se le quitara automáticamente la custodia a Harrison. Solicitó que se evaluara si el traslado internacional y las decisiones patrimoniales estaban siendo manejados de manera adecuada, y que Tyler tuviera una oportunidad segura de hablar con un profesional independiente.
Entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
Harrison llamó.
—¿Qué demonios estás haciendo? —fue lo primero que dijo.
Estaba en mi cocina, con el teléfono apretado contra la oreja.
—Hola, Harrison. ¿A qué te refieres?
—No te hagas la inocente. El banco ha suspendido la revisión de los documentos del fideicomiso. Mis abogados dicen que has contratado a alguien para interferir en los asuntos de Tyler.