En la parte posterior había una fecha.
El día de nuestra boda.
Y una frase escrita por Stoyanka:
«Hoy se ha casado conmigo un muchacho que no me ama. No sé si algún día llegará a hacerlo. Pero sé que no merece pagar por los errores de los adultos».
Debajo había otra línea, escrita muchos años después:
«Si alguna vez encuentras esta fotografía, quiero que sepas que hubo una época en la que todavía podía haber hecho lo correcto».
Me quedé mirando aquellas palabras.
Entonces recordé una noche de invierno, unos diez años atrás.
Yo había regresado del campo con fiebre. Stoyanka me había encontrado temblando en el cobertizo y me había llevado a la cama.
Durante toda la noche permaneció sentada junto a la estufa, cambiándome los paños de la frente.