Poco después, alguien le comunicó que el niño había sido trasladado a otra ciudad para recibir atención médica especializada.
Cuando intentó recuperarlo, le dijeron que el bebé había sido entregado a otra familia mediante un procedimiento de adopción que ella nunca había autorizado.
—¿Te robaron a tu hijo? —pregunté, incapaz de creer lo que estaba escuchando.
—Me lo quitaron y después me hicieron creer que jamás podría recuperarlo.
Sentí que las manos me temblaban.
—¿Y por qué no acudiste a la policía?
Valentina me miró con lágrimas en los ojos.
—Lo hice. Pero presentaron documentos según los cuales yo había renunciado voluntariamente a mi hijo. Mi firma aparecía en todas las páginas. Era falsa, pero no tenía dinero para pagar abogados ni fuerzas para seguir luchando.
Hizo una pausa.
—Después me diagnosticaron una enfermedad que me obligó a recibir tratamiento durante años. Hubo momentos en que apenas podía levantarme de la cama. No dejé de buscarlo, Mateo. Nunca dejé de hacerlo.