Se llevó una mano al rostro.
—Entonces comenzó a amenazarme. Me dijo que, si te contaba la verdad, destruiría tu futuro y se aseguraría de que nunca pudieras acercarte a tu hijo.
—¿Y te fuiste sin decirme nada?
—Intenté llamarte. Varias veces. Pero todas mis llamadas eran interceptadas o terminaban en mensajes diciendo que no querías saber nada de mí.
Negué con la cabeza.
—Yo nunca recibí tus llamadas.
—Lo sé ahora.
Valentina respiró profundamente.
Me contó que, poco antes de dar a luz, sufrió una complicación médica grave. La atendieron en una clínica privada pagada por una sociedad relacionada con Inversiones Cobalto.
Durante su recuperación, mi madre apareció con varios documentos.
Le dijo que yo había sufrido un accidente y que no quería que ella ni el bebé se acercaran a mi familia.
Valentina no la creyó.
Pero estaba sola, débil y sin recursos.