PARTE 2: EL HOMBRE QUE MI FAMILIA ENTERRÓ EN VIDA Y EL SECRETO DE LOS 32 MILLONES

Me quedé mirando aquella fotografía como si, al hacerlo durante el tiempo suficiente, pudiera obligarla a convertirse en algo distinto.

Un niño de ocho años.

Mis ojos. Mi sonrisa. Una pequeña cicatriz junto a la barbilla que me recordó inmediatamente una marca que yo mismo tenía desde la infancia.

Y debajo, la letra de mi padre:

«Hace veintidós años no desaparecí por el dinero. Desaparecí porque descubrí lo que hicieron con tu hijo».

Mi hijo.

La palabra resonó en mi cabeza.

Yo nunca había tenido un hijo.

O, al menos, eso era lo que siempre me habían hecho creer.

—Necesito que me explique qué está pasando —le dije al agente que sostenía la libreta de declaraciones—. Mi padre ha desaparecido, mi esposa también y ahora encuentro una fotografía de un niño que supuestamente es mi hijo.

El agente me pidió que lo acompañara a una sala.

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