Se quedó callado unos segundos.
—¿Cómo pude ser tan cruel?
Miré hacia la habitación de mis hijas.
—No puedo responder por ti, Preston. Pero sí puedes decidir qué clase de hombre quieres ser a partir de ahora.
—¿Crees que algún día me perdonarán?
—Eso no depende de mí. Depende de cómo las trates a partir de ahora y de si respetas sus sentimientos.
Preston comenzó a llorar.
No sentí satisfacción.
Había imaginado muchas veces que algún día comprendería el daño que había causado. Pero verlo sufrir no borraba las noches en que mis hijas habían preguntado por qué su padre no quería estar con ellas.
La vida no siempre devuelve las cosas en la misma forma en que las recibimos.
A veces, simplemente nos obliga a mirar nuestras decisiones sin las excusas que utilizábamos para justificarlas.
6. La llamada del padre de Preston