Su hermano menor, Mateo, necesitaba medicamentos para controlar su asma, mientras su madre enfrentaba cada vez mayores dificultades provocadas por la artritis.
El sueldo de aquella noche era importante para una familia acostumbrada a calcular cuidadosamente cada gasto.
Por eso Sophia había aprendido durante años a permanecer invisible cuando entraba en habitaciones dominadas por personas extraordinariamente poderosas.
Aquella noche, sin embargo, permanecer invisible resultaría imposible.
La celebración pertenecía a Alexander Ashford, propietario del hotel y miembro de una de las familias más influyentes de Nueva York.
En los círculos empresariales, Alexander era conocido como un empresario reservado, disciplinado y extremadamente poderoso.
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Fuera de esos círculos, circulaban historias mucho más oscuras sobre la influencia que ejercía mediante sus negocios y sus conexiones.
Su prometida, Victoria Lane, era igualmente conocida entre los empleados por su comportamiento arrogante hacia quienes consideraba inferiores.