Lo miré.
—¿Qué tiene que ver mi padre?
Brandon bajó la mirada.
—El dinero para la casa.
Sentí una punzada de decepción.
—Brandon, estamos hablando de nuestro matrimonio.
—¡Y yo también! —respondió—. Esa casa era nuestro futuro.
Respiré profundamente.
—Nuestro futuro no puede depender de que yo acepte ser humillada para mantenerte contento.
Se quedó callado.
Entonces saqué mi teléfono.
Le mostré el mensaje de Melissa.
Brandon lo leyó.
Su expresión cambió.
—No debió contarte eso.
Sentí que algo dentro de mí se rompía definitivamente.
—¿Eso es todo lo que tienes que decir?
Él levantó la mirada.
—Estábamos bromeando.
—Sabías que no quería hacerlo.
—Sí.
—Sabías que me molestaría.
Brandon no respondió.
—Y aun así decidiste hacerlo porque pensaste que no me atrevería a reaccionar.
Bajó la cabeza.
Finalmente murmuró:
—Sí.
Aquella sola palabra cambió todo.
Durante nuestra relación había soportado pequeñas humillaciones.