—Entonces habla conmigo. Yo te quiero muchÃsimo.
Cerré los ojos.
Mi hija no tenÃa la culpa de nada. No podÃa permitir que mis sospechas y mi dolor destruyeran la seguridad que ella merecÃa.
A la mañana siguiente regresé a casa.
Vanessa estaba sentada en la cocina. No habÃa dormido. Sobre la mesa habÃa una carpeta con todos los documentos que habÃa reunido durante los últimos tres meses.
—No quiero que volvamos a tener secretos —le dije.
—Yo tampoco.
—Si hay algo más, quiero saberlo ahora.
Vanessa asintió.
Pasamos varias horas revisando los documentos junto con la abogada por videollamada. Descubrimos que parte de la historia de mi madre era cierta, pero otras conclusiones seguÃan siendo simples hipótesis. No existÃa ninguna prueba que demostrara que mi padre hubiera tenido una relación sentimental con Vanessa, ni que los documentos revelaran un parentesco entre nosotros.