Lo observé durante unos segundos.
—Lo que más me dolió no fue verte abrazando a Vanessa. Fue pensar que podÃa haber pasado toda mi vida sin conocer realmente a las personas que más querÃa.
Mi padre asintió.
—Lo entiendo.
—No sé cuánto tiempo necesitaré para volver a confiar plenamente en ti. Pero no quiero que Sophie crezca pensando que los problemas se resuelven escondiendo la verdad.
Él se secó una lágrima.
—Tienes razón.
Aquella noche cenamos juntos.
No porque todo estuviera arreglado.
Sino porque, por primera vez en meses, nadie estaba fingiendo que nada habÃa ocurrido.
Más tarde, cuando Vanessa y yo nos quedamos solos, me tomó la mano.
—¿TodavÃa me quieres? —preguntó.
La miré.
—SÃ. Pero necesito que entiendas algo. El amor no significa que nunca vayamos a hacernos daño. Significa que, cuando ocurra, tendremos que decidir si estamos dispuestos a afrontar la verdad juntos.