PARTE 2: El secreto que Vanessa jamás imaginó que saldría a la luz

No hubo lágrimas mágicas que borraran dos años de ausencia.

Hubo videollamadas breves.

Cuentos leídos antes de dormir.

Dibujos que los niños le enviaban cuando les apetecía.

Hubo días en que Noah quería hablar con él y otros en que prefería seguir jugando. Ethan tardó más en sentirse cómodo. Grace le enseñaba sus dibujos con timidez, mientras Lily solía esconderse detrás de mí cuando Julian aparecía en la pantalla.

Y Julian tuvo que aprender a aceptar cada reacción sin exigir nada a cambio.

Una tarde, durante una videollamada, Noah le preguntó:

—¿Por qué no estabas cuando yo era bebé?

Julian se quedó completamente inmóvil.

Yo estaba sentada a su lado, preparada para intervenir si la conversación se volvía demasiado difícil para Noah.

Pero Julian no intentó culparme.

—Porque tomé decisiones equivocadas —respondió—. Y porque no supe hacer lo correcto cuando tenía que hacerlo.

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